martes, 6 de julio de 2010

SALMO 20: Oración del Rey antes de la batalla.

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sion,
que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que de éxito a todos tus planes.
Que podamos celebrar tu victoria,
y en nombre de nuestro Dios alzar estandartes
- que el Señor te conceda todo lo que le pides-
Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.
UNOS CONFÍAN EN SUS CARROS,
OTROS EN SU CABALLERÍA;
NOSOTROS INVOCAMOS EL NOMBRE
DEL SEÑOR DIOS NUESTRO.
Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.
Señor, da la victoria al Rey
y escúchanos cuando te INVOCAMOS.

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Dios al revelar su nombre puede ser invocado y responde a la llamada: por eso la invocación del nombre es arma decisiva en esta guerra sagrada.
El Rey es el ungido del Señor o Mesías, y como tal es tipo del futuro Mesías. Aplicado a Cristo, el lenguaje de la guerra sagrada se convierte en el símbolo de batallas espirituales, pues Cristo no invoca al Padre para que le envíe legiones de ángeles. Las imágenes de la batalla pasan más tarde al lenguaje espiritual cristiano.